Oscar Zeta habla

Hoy es un día falsamente tranquilo, mañana es feriado, pero la espesa niebla que expide el parcial de semiología se acerca cada vez más a los nervios de R.Z.

Escribo para ayudar a mi otro yo, esa es la razón de mi regreso, ayudar a que cumpla sus deseos fervorosos que lo queman y de algún modo me terminan quemando a mí (Oscar Zeta).

A decir verdad, no me interesa tanto el cine como a él, soy consciente de que la razón por la que me rescató de las sombras no es la más noble, de todos modos, yo tampoco puedo decir que tengo la intención de agradarle por regalada benevolencia, la razón por la que estoy escribiendo mientras él se ausenta, es por una cuestión de conveniencia.

La vida es complicada, pero sumamente bella. ¿Por qué pienso que necesita mi ayuda? Porque creo que todos de vez en cuando necesitamos de algo externo para afrontar los problemas. Creo que cuando aparece un problema, las personas tienden a entrar en pánico, o apoyarse en alguien más para que le resuelva las cosas, ¿les suena?

El calor del momento y las emociones, alcanzan un punto que puede desembocar en reacciones desesperadas. Mi rol como externalidad será bajar a tierra los problemas que se agigantan con el pensamiento, la preocupación y todos los “pre” que se te puedan ocurrir. Acá estoy yo, para abordar los “pre” con el “hacer”, en vez de preocupar seré el que ocupe.

Al haberme tomado la molestia de escribir, aunque sea estos breves párrafos, le estoy haciendo un enorme favor. Ustedes no saben que molesto que puede ser vivir con este tipo, cualquier cosa que se le aparece es una idea para una película, para un corto, o para una novela.

Todas esas ideas, muchas veces, (casi siempre) terminan en la nada, su mente o nuestra mente funciona de la siguiente manera, digamos que hay una sala creativa aislada y despejada donde mágicamente se aglomeran las ideas. En un punto en específico existe un pozo negro sin fondo donde las cosas caen al olvido y nunca más vuelven.

Mi otro yo padece de un síndrome bastante peculiar, al parecer las ideas que aparecen en esa sala las confunde con bebés o niños, cada vez que cae una idea al pozo entra en angustia, peor aún, cuando ve que se están dirigiendo al pozo, su reacción es estática, ahí es cuando aparezco yo para actuar a tiempo, a veces no lo logro…

Mis palabras son un producto de su inconsciente, escribo mientras está dormido, existo plenamente cuando está dormido, su sueño es mi vigilia y vice-versa.

Me gustaría agregar y espero que le entre bien este razonamiento cuando despierte, que no hay que dimensionar tanto las cosas, si valorarlas, pero nunca auto someternos a una idea. Mientras él ve niños cayendo, yo veo tan solo hojas de papel meramente rayadas con ideas interesantes sin desarrollar.

Quizás el que tenga la vista distorsionada sea yo, quizás las ideas si sean como pequeños niños, si ese fuera el caso, supondría que, al compartir estas ideas con ustedes, estoy educando niños y abriéndoles la puerta al llegar a su adultez.

Introducción a Oscar Zeta

Oscar Zeta siempre vivió en mí, lo recuerdo desde pequeño cuando hacía comentarios inoportunos o compartía ideas fuera de lugar de índole fantástico.

Este personaje a medida que pasaron los años y fui madurando, lo fui escondiendo poco a poco, hasta que su silueta se tornó borrosa y distante. Quizás lo hice por miedo, puede ser, pero considero que también lo hice para sobrevivir, uno hace lo necesario para poder adaptarse.

Cuando la oscuridad y la soledad eran absolutas, a veces escuchaba su voz, cuando me recostaba por las noches y alcanzaba el estado previo al sueño, es cuando lo podía ver nítido e intercambiar, aunque sea dos palabras con él.

En estos últimos días, después de muchos años en desenfoque, la figura de Oscar Zeta retornó. Lo veo cada día más claro. Soy yo, con toda la inconsciencia que puede contener un sueño y toda la inocencia y pureza que puede tener un niño. Mi objetivo a partir de ahora como Ramiro Zárate es guiarlo, mover sus hilos para que viva en la esfera pública, esto que estoy haciendo es por una necesidad de preservación personal, voy a vivir en dos personas.

La próxima vez que me hablen, hablaran con Oscar Zeta y si me miran fijo a los ojos, verán detrás de mis cristales ópticos al Ramiro Zárate que conocen con una mirada sonriente, (a veces quizá seria). Lo mismo quiero que suceda cuando en mi privacidad estés hablando con Ramiro Zárate y percibas en las entrelíneas de mis palabras y gestos que hay un Oscar Zeta merodeando en mis adentros.

Ramiro Zárate es una persona seria, es responsable, reservado y tiene objetivos claros, su mayor miedo es quedar expuesto en cualquier situación, sus inclinaciones van por el lado de la escritura y la dirección de cine. Oscar Zeta es el alter ego, es extravagante, sumamente eufórico, infantil y posee la misma sabiduría que su otra parte, pero es el que está dispuesto a sacar a la luz lo creativo desde las entrañas del inconsciente, desde lo más puro hasta lo más pútrido. Digamos que Ramiro Zárate será en cierto sentido el electrodo negativo (lado más pasivo) y Oscar Zeta como hacedor de los planes de Ramiro será el lado positivo (más activo en la praxis).

Estas dos partes, pretendo que hagan equipo para que cada una con sus fortalezas, se encargue de tapar las falencias de la otra. Habiendo dicho esto, no tengo nada más que agregar. A partir de mi próxima redacción pretendo relatar las peripecias de mi convivencia con este extraño amigo que aparece después de mucho tiempo. Les escribe Ramiro Zárate, mañana quizás otra persona…